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Esta denominación de origen nace como una iniciativa por parte de algunas cooperativas y bodegas privadas de la provincia de Cuenca con el propósito de elaborar vinos de calidad y de participar activamente en su producción y elaboración.
A fin de lograr este objetivo, se ha realizado una importante inversión en nuevas tecnologías, como los depósitos de acero inoxidable, controles electrónicos de temperatura, estrujadoras de acero inoxidable con rodillos de caucho, etc. y en la reconversión de sus viñedos en variedades mejorantes.
Para asegurar esta calidad, se realizan numerosos controles de calidad por entidades ajenas a esta denominación de origen, en los que se valora sobretodo la trazabilidad documental, un análisis fisicoquímico y un examen organoléptico que certifican la excelente calidad de los vinos propios de la región.
Antes de desembocar en el Mediterráneo, el Júcar recorre casi 500 kilómetros desde su nacimiento en la Cordillera Ibérica, regando las fértiles tierras que encuentra a su paso y marcando las vidas de aquellos que las cultivan.
Las tierras de la Ribera del Júcar se caracterizan por su composición arcillosa cubierta de guijarros, con una altura media sobre el nivel del mar de unos 750 metros. Estas especiales características brindan al cultivo de la vid unas condiciones excelentes.
Para la elaboración de los vinos Ribera del Júcar se emplean vinos de las variedades: Cencibel o Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah, Bobal, Petit Verdot y Cabernet Franc. Y para los vinos blancos se emplean las de las variedades: Moscatel de grano menudo y Sauvignon Blanc. Además, la edad media de las cepas asegura una buena relación entre calidad y producción.